La muerte azotó esa solitaria casa, la cual esa noche fue olvidada del perdón de Dios. El extraño ser se alejó de la seguridad de su cueva, producto del hambre agobiante que, tras meses de hibernación, terminó por obligarlo a esto. La luz de la luna quemaba su lechosa piel, pero su olfato le indicaba que había carne cerca, carne humana.
Inocentemente los residentes de aquel lugar dejaban las ventanas sin pestillo, ya que al estar tan alejados de la sociedad, no temían a la intrusión de algún ladrón al domicilio. Grave error.
Su primera presa fue un pequeño niño, que, durmiendo serenamente en su cuna, no se dio cuenta de nada. Fue una muerte rápida, ningún grito o sonido que alertara a los demás.
Al lado de la cuna dormía el hermano mayor del pequeño. Abrazado a su oso de peluche, regalado por su padre hace algunas lunas. Soñaba que era mayor, lo suficiente para ayudar a su padre a salir a pescar en esos traicioneros mares que solo algunos se adentran. La pesca era buena y su padre, orgulloso, le felicitaba. Una sonrisa se vislumbraba en el profundo dormir del pequeño. Como disfrutó aquel ente en borrársela, mientras sus manos apretaban fuertemente el pescuezo del muchacho, hasta el punto en que el sueño se volvió eterno.
Sus cuerpos, aun calientes, dieron una merienda satisfactoria al monstruo, el cual devorando los órganos vitales, desechó el resto dejándolo esparcido por toda la habitación. La sangre y las viseras, como los cuerpos desmembrados, adornaron cruelmente el lugar, para que al día siguiente los condenados padres perdieran la cordura. Condenaron dioses, se culparon a si mismos y entraron de lleno en la locura intentando dar explicación y sentido a aquel alarmante descubrimiento. Solo la muerte les brindó tranquilidad, a escasas horas del descubrimiento. Un par de sogas, otro par de sillas y un alto árbol fueron sus ayudantes en el ultimo momento.
Mientras tanto, el ser se encontraba nuevamente en su cueva, arrinconado en su refugio e intentando dormir, pensando en lo sabroso que estuvo aquella merienda nocturna.
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