A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

domingo, 25 de diciembre de 2011

T'shímago

Yo, aquel que a viajado por tiempos y lugares que solo los elegidos han podido recorrer. He pisado las áridas grietas el desierto de Australia, como también la ciudad maldita enterrada entre sus arenas. He subido la gélida cumbre de la montaña Leng solo para encontrar locura y desolación. He pisado las ruinas de la arcana ciudad en la perdida cumbre de la Antártida, protegida por los terribles Shoggoths. He deambulado por dimensiones donde toda física conocida pierde fuerza y se vuelve caos. He conocido el hambre y el frio, y he conocido el miedo. Pero ninguno de mis azares se acerca a lo que estoy a punto de vivir. Porque en un sueño se me profetizó el lugar donde Azgerith, el Terrible Antiguo, se ha escondido durante eones, esperando el día en que sus enfermos seguidores recitaran el canto profano.

En una recóndita cueva, en un planeta lejano a miles de años luz del nuestro, se esconde aquel tenebroso ser, el cual de solo nombrarlo una sombra se cierna sobre el páramo. Me interno en las profundidades de la gruta, con el corazón palpitando en mi garganta. Siento que mi espada se desliza de la mano, producto del sudor que expido de ella. El escudo, con cada paso que doy, aumenta de peso. A lo lejos, un grito, el cual se escucha como múltiples criaturas gimiendo en una agonía eterna. Sé que estoy cerca.

Salto barrancos, escalo murallas de roca viva y me escapo de demenciales criaturas que protegen la morada de El, cuando llego al punto final de la cueva. El olor a putrefacción se vuelve insoportable, provocando reiteradas veces en mi cuerpo la sensación de desvanecerme, pero si lo hago, todo acaba, debo seguir resistiendo, aguantando. Y de la nada, el esperado, pero indeseado canto, se escucha a la distancia, desde una lejanía infinita. Mi mente alucina con imágenes de destrucción, caos y muerte. Sombras de criaturas danzando en un irreal baile, desgarrando sus cuerpos y volviéndose masas polimorfas. De pronto cesa, y un ojo se delinea lentamente en la eterna oscuridad. Afirmo gallardamente mi espada, preparándome para la batalla, cuando el ser se abalanza sobre...

- ¡Nico entra a comer!
- Pero mamá, ¡estoy en medio de una batalla!
- ¡No me importa, entra y lávate las manos al tiro!. 
- ¡Pero mamá!
- ¡ENTRA AHORA!
- ¡Bueno oh!

Te has salvado por esta vez amo de la locura, pero nuestro encuentro esta destinado. Solo es un retraso ante hora en que tu sangre correrá como los ríos de la pretérita Yann. Pero ahora una fuerza más poderosa y oscura que la vuestra controla mi destino. Respira aliviado, pero no te confíes, ya nos volveremos a encontrar. Hasta entonces...

- Nicolás, ¡¡ENTRA AHORA!!
- ¡¡SI YA VOY OH!!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mi vecino Totoro

…Y al terminar la película, vuelvo a mi realidad, a aquella triste y desolada realidad donde nada fuera de lo común me espera. En mi pecho se siente un vacío, el cual con cada pasar de los días se va agrandando. La falta de inocencia e imaginación van desgarrando pedazo por pedazo lo que en algún momento fue un alma infantil, donde el asombro y las ganas de vivir, como también el disfrutar de las cosas por conocer marcaban el día a día. Hoy la historia es diferente, lo único que logra asombrarme es mi incapacidad del asombro. Es por esto que las películas de Hayao Miyasaki son vitales para mí. Me recuerdan que en el fondo de mi ser aun quedan restos de aquel niño que sigue creyendo que en un hoyo de conejo se esconde un mundo por descubrir, y que al hablar con los animales estos te entienden, solo que temerosos no nos responden, por miedo a que descubramos que son seres tan inteligentes como nosotros. Acongojado leo los subtítulos “FIN”, pero el pesar es superado por las ganas de volver a ver el mundo con aquellos ojos de niño. Dulce infancia perdida, daría lo que fuera por que volvieras.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Un escrito con tinte de ensayo

El Universo es un espacio tan desconocido para el hombre como las profundidades del mar. Cada año se descubren nuevas especies en el abismo oceánico, al igual que nuevos planetas y constelaciones en la vastedad del cosmos. Hasta hace unos años se descubrió en las costas de Sudáfrica un espécimen vivo de un Celacanto, un pez que se consideraba extinto desde el cretácico. El mítico calamar gigante, del igual mítico “20.000 leguas de viaje submarino”,  ha perdido su misticismo con las incontables muestras de tentáculos enormes, aunque todavía no en las mismas dimensiones que las del libro, pero denle unos años más.

Por lo cual no es de locos pensar que los seres arquetípicos, aquellos que fueron los padres del todo, tanto del hombre y la civilización, esos que salen a la luz en las mitologías de culturas ancestrales, puedan esconderse en aquellos rincones inexplorados por el hombre. Si bien esto lo analizamos sobre la base que del sideral conocemos menos del 1% de su extensión al igual que de objetos que lo componen, mientras que en el océano terrestre existen inmensas fosas abismales que ni con toda la ingeniería humana hemos podido explorar, las posibilidades de que el imaginario mítico, aquel que la antropología siempre ha entendido como una forma en que el hombre brinda explicación a lo inexplicable, no sea tan mítico como lo consideramos. Objetos de cientos de años con forma de aviones actuales en México, petroglifos egipcios que tienen formas de celulares, la construcción de estructuras imposibles con la ingeniería de civilizaciones pasadas y los avanzados conocimientos matemáticos y científicos dan pie a que la imaginación brinde relatos que se ocultan en el manto de la literatura fantástica.

¿Cómo explicar aquellos extraños sonidos submarinos registrados por el NOAA? ¿Y aquella captación de radio proveniente de la constelación de sagitario, el “Wow”? ¿Y el que civilizaciones ya desaparecidas hayan tenido conocimiento de constelaciones que hasta hace un par de décadas se descubrieron haciendo uso de tecnología de punta? Yo no tengo las respuestas a tal intrigantes y abominables preguntas. Tan solo mi postulado apunta a que lo que la ciencia no puede explicar, la imaginación del hombre se presta a responder.

¿Pero qué tal si aquella imaginación sea un residuo primigenio en la mente humana, un conocimiento antiguo y oscuro que el hombre, por el miedo de caer en lo irracional y en la locura, hace caso omiso en la actualidad? Lo que la razón silencia, la literatura grita eufórica. Escritores como Verne, Poe, Lovecraft y Lord Dunsany,  por nombrar tan solo a algunos, exploran este campo de lo desconocido abriéndonos la puerta a parajes y seres olvidados por el hombre y su ciencia, seres ocultos en donde la mirada del humano se pierde y no logra enfocar. Quien sabe, tal vez la cita que leí en algún momento que decía algo así como “tal vez Lovecraft tuvo la puerta a un saber oculto y arcano, peligroso y misterioso, el cual solo por medio de sus cuentos pudo adentrarnos a él”, no esté tan lejos de la verdad.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Adicto

Llego a mi casa chato. Cansado de discutir sobre temas relevantes e irrelevantes, y otros que no entran en ninguna de estas categorías. La universidad me colapsa, y por si fuera poco, discuto con mi polola por una idiotez, una tontera tan grande que ni merece la pena mencionar. Me dispongo a leer unos textos de los cuales debo realizar un ensayo. Revolución Francesa, cambios sociales, enfermedades y neurosis. Qué asco.

Luego de varias horas de lectura, cuando la mente y el cuerpo me piden un descanso de tan agobiante sobresaturación de información, me recuesto en mi cama. Oh divino templo de Morfeo! Que daría por quedarme en tu santuario y eternamente rendir culto a tu altar, pero los deberes me llaman. Ya vendrá el momento donde realice el bendito rezo onírico qué te mereces. Tengo que seguir, me faltan la mitad de los textos y el ensayo tengo que finalizarlo hoy sí o sí.

Continúo la lectura, pero mis parpados se cierran solos. Tienen el peso del Valhala sobre ellos, arrastrándome a su reino. Mi cerebro pide un respiro también. Dejo los textos de lado y me meto al PC. Abro el reproductor de música y pongo un disco de Emerson, Lake & Palmer. Acoplo los audífonos. Apago las luces. Cierro la pantalla del Pc. Me entrego a tus manos sagrado reino pretérito.

Explosiones de colores en el infinito. Sensaciones que no se pueden explicar con palabras, sino solo a través de la sublime mezcla de múltiples acordes, con una estructura musical solo igualada por la creación de los Valar a los pies de Eru. Me transporto a la nada, donde el todo se mezcla con la total falta de validez. Destellos luminosos aparecen y desaparecen con cada tonalidad, con cada rasgueo de una cuerda, con cada golpe de un tambor, con cada sonante de una voz. La vida misma pierde importancia en este indefinible lugar. Espero que la canción dure por siempre para no dejar tan divino reino jamás. Pero sé que al abrir mis ojos volveré a estar en mi habitación, donde en el escritorio me esperan aquellos tediosos textos y el flagelante ensayo. Solo un segundo más, solo eso pido en este lugar tan glorioso. Solo un segundo para poder recomponer energías y deleitarme de esta droga energizarte que solo la música puede entregar.