A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

sábado, 10 de diciembre de 2011

Un escrito con tinte de ensayo

El Universo es un espacio tan desconocido para el hombre como las profundidades del mar. Cada año se descubren nuevas especies en el abismo oceánico, al igual que nuevos planetas y constelaciones en la vastedad del cosmos. Hasta hace unos años se descubrió en las costas de Sudáfrica un espécimen vivo de un Celacanto, un pez que se consideraba extinto desde el cretácico. El mítico calamar gigante, del igual mítico “20.000 leguas de viaje submarino”,  ha perdido su misticismo con las incontables muestras de tentáculos enormes, aunque todavía no en las mismas dimensiones que las del libro, pero denle unos años más.

Por lo cual no es de locos pensar que los seres arquetípicos, aquellos que fueron los padres del todo, tanto del hombre y la civilización, esos que salen a la luz en las mitologías de culturas ancestrales, puedan esconderse en aquellos rincones inexplorados por el hombre. Si bien esto lo analizamos sobre la base que del sideral conocemos menos del 1% de su extensión al igual que de objetos que lo componen, mientras que en el océano terrestre existen inmensas fosas abismales que ni con toda la ingeniería humana hemos podido explorar, las posibilidades de que el imaginario mítico, aquel que la antropología siempre ha entendido como una forma en que el hombre brinda explicación a lo inexplicable, no sea tan mítico como lo consideramos. Objetos de cientos de años con forma de aviones actuales en México, petroglifos egipcios que tienen formas de celulares, la construcción de estructuras imposibles con la ingeniería de civilizaciones pasadas y los avanzados conocimientos matemáticos y científicos dan pie a que la imaginación brinde relatos que se ocultan en el manto de la literatura fantástica.

¿Cómo explicar aquellos extraños sonidos submarinos registrados por el NOAA? ¿Y aquella captación de radio proveniente de la constelación de sagitario, el “Wow”? ¿Y el que civilizaciones ya desaparecidas hayan tenido conocimiento de constelaciones que hasta hace un par de décadas se descubrieron haciendo uso de tecnología de punta? Yo no tengo las respuestas a tal intrigantes y abominables preguntas. Tan solo mi postulado apunta a que lo que la ciencia no puede explicar, la imaginación del hombre se presta a responder.

¿Pero qué tal si aquella imaginación sea un residuo primigenio en la mente humana, un conocimiento antiguo y oscuro que el hombre, por el miedo de caer en lo irracional y en la locura, hace caso omiso en la actualidad? Lo que la razón silencia, la literatura grita eufórica. Escritores como Verne, Poe, Lovecraft y Lord Dunsany,  por nombrar tan solo a algunos, exploran este campo de lo desconocido abriéndonos la puerta a parajes y seres olvidados por el hombre y su ciencia, seres ocultos en donde la mirada del humano se pierde y no logra enfocar. Quien sabe, tal vez la cita que leí en algún momento que decía algo así como “tal vez Lovecraft tuvo la puerta a un saber oculto y arcano, peligroso y misterioso, el cual solo por medio de sus cuentos pudo adentrarnos a él”, no esté tan lejos de la verdad.

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