Privado de su propio pensamiento, enajenado por su propia estupidez, subió las escaleras que lo llevaban a su fin. Con su mejor traje de marca, camisa de seda y zapatos italianos, regalo en forma de coima de algún sucio rufián, observó a la multitud: eufórica pero silenciosa. Tomó la soga, su cabeza la atravesó. Y en el ultimo instante de vida que le quedaba, su cara reflejando una mueca de iluminación, pronunció: Tusunami y Marepoto. Ese fue su fin.
A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu
jueves, 19 de julio de 2012
Mi presi
Privado de su propio pensamiento, enajenado por su propia estupidez, subió las escaleras que lo llevaban a su fin. Con su mejor traje de marca, camisa de seda y zapatos italianos, regalo en forma de coima de algún sucio rufián, observó a la multitud: eufórica pero silenciosa. Tomó la soga, su cabeza la atravesó. Y en el ultimo instante de vida que le quedaba, su cara reflejando una mueca de iluminación, pronunció: Tusunami y Marepoto. Ese fue su fin.
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