El joven, buscando espantar a aquellos pretéritos e
incorpóreos fantasmas que lo atormentaban, criaturas provenientes de las más
profundas cavernas de su mente, problemas
dejados de lado, pero nunca resueltos, se entregó a las artes oscuras de
la que sólo los pocos elegidos tienen conocimientos, trazados en libros con
paginas ya corroídas, en un dialecto perdido en el tiempo y escrito con sangre
de dioses ya olvidados por la mayoría. Ritos y cantos enfermizos, que para
cualquiera el sólo escuchar provocarían la locura, …
Mi cuerpo ya no aguanta, está recibiendo el castigo de una
mente perturbada, la cual nunca tuvo solución a sus agobios. El peor tipo de
soledad es la que se siente al estar entre gente que te quiere. Las lágrimas
que derraman mis ojos generan un mar en el que me hundo y no puedo nadar para salvarme
de las profundidades. Ya ningún rayo de luz calienta mi frio cuerpo, y aquellos
que logran rozar mi cuerpo arden como las llamas del infierno, dejando llagas
invisibles a los ojos de los demás, más no significa que no duelan. Intenté encontrar un rumbo a mi vida, pero no
han sido más que pasos en falsos, los cuales tropiezo y caigo en los abismos
infinitos de la depresión. Aquellos seres que adoraba, dioses arquetípicos y
primigenios, ídolos arcanos egocéntricos que sólo piden para olvidar su propia
locura, no merecen el calificativo de “dioses”. Eternidades los adoré e imploré
por respuestas y soluciones a mis problemas, mas su respuesta siempre fue el
sofocante silencio.
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