A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

jueves, 25 de octubre de 2012

El joven (borrador)


El joven, buscando espantar a aquellos pretéritos e incorpóreos fantasmas que lo atormentaban, criaturas provenientes de las más profundas cavernas de su mente, problemas  dejados de lado, pero nunca resueltos, se entregó a las artes oscuras de la que sólo los pocos elegidos tienen conocimientos, trazados en libros con paginas ya corroídas, en un dialecto perdido en el tiempo y escrito con sangre de dioses ya olvidados por la mayoría. Ritos y cantos enfermizos, que para cualquiera el sólo escuchar provocarían la locura, …
Mi cuerpo ya no aguanta, está recibiendo el castigo de una mente perturbada, la cual nunca tuvo solución a sus agobios. El peor tipo de soledad es la que se siente al estar entre gente que te quiere. Las lágrimas que derraman mis ojos generan un mar en el que me hundo y no puedo nadar para salvarme de las profundidades. Ya ningún rayo de luz calienta mi frio cuerpo, y aquellos que logran rozar mi cuerpo arden como las llamas del infierno, dejando llagas invisibles a los ojos de los demás, más no significa que no duelan.  Intenté encontrar un rumbo a mi vida, pero no han sido más que pasos en falsos, los cuales tropiezo y caigo en los abismos infinitos de la depresión. Aquellos seres que adoraba, dioses arquetípicos y primigenios, ídolos arcanos egocéntricos que sólo piden para olvidar su propia locura, no merecen el calificativo de “dioses”. Eternidades los adoré e imploré por respuestas y soluciones a mis problemas, mas su respuesta siempre fue el sofocante silencio. 

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