Cuando mi ego lucha con su peso
Y la autoconfianza arranca a las profundidades del sideral
Cierro los ojos e imploro a los Altos Ancianos
Que me envíen nuevas ráfagas de frió aire glaciar
Con el fin de congelar mi alma y se quiebre
Y de sus restos esparcidos en el arrido suelo terrenal
El fantasma del pasado reencarne en mis entrañas
Y recuerde todo lo que fui hace eras
Antes de ahogarme en los encantos
De eso que los sabios conocen
Como un ardiente fuego fatuo
Como un ardiente fuego fatuo
Destinado a su propio
Pesar.
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