A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

lunes, 31 de octubre de 2011

Somnolencia

Hay momentos en la vida donde un sueño es tan real que nos obliga a preguntarnos qué es la realidad misma. Para mí eso ocurrió la noche anterior. Luego de un ajetreado día me recosté a dormitar un rato. Sin darme cuenta mis ojos se cerraron y terminé en el reino del inconsciente.

Soñé que caminaba por un oscuro bosque, tétrico y tan antiguo como la vida misma. El olor a encierro lo sentía entrar y salir de mis pulmones, asfixiándome con cada respirar. Deambulaba entre pretéritos arboles tan altos que se perdían en el inmenso cosmos, con sus ramas apuntando al sideral, como intentando escapar de su propio cuerpo. De un momento a otro, una sombra aparece. Detenida, me empieza a observar. Unos destellos rojos como la sangre se observan sobre el ser. De la nada, otra criatura salta sobre mí. 

Despierto de un salto en mi cama. La lámpara de mi velador está prendida, provocando turbias sombras en las murallas de la pieza. Me levanto nervioso y asustado para ir al baño. Me miro en el espejo donde percibo un rostro cansado y ojeroso. Me lavo las manos y me agacho para refrescarme la cara. Al ver nuevamente el reflejo noto la misma cara, solo que un ojo putrefacto me observa con horror, y la mitad derecha del rostro se cae en pedazos.

Me caigo del sillón del living, gritando como desquiciado. Toco mi rostro. Todo está en su lugar. Me miro en el reflejo de la ventana. Todo en orden. Algo más tranquilo me vuelvo a sentar en el sillón y prendo la televisión, solo que esta explota delante de mis ojos, desprendiendo esquirlas por todos lados y empujándome de espaldas por la ráfaga.Una esquirla me desgarra el brazo izquierdo.

Despierto he impulsivamente me toco el brazo, solo que en vez de este tengo un viscoso y repulsivo tentáculo.

Abro los ojos. Nuevamente me encuentro en la comodidad de mi pieza. La lámpara del velador se encuentra apagada. Mi brazo posee nuevamente su forma humana. Quedo mirando el techo, sin comprender nada he intentando dar cierta lógica a todo lo ocurrido. Mi mente se encuentra tan perturbada al extremo de esperar que en cualquier momento suceda algo que me provoque el salto de un sueño a otro, pero esto no ocurre. Intento seguir durmiendo, pero tengo miedo que el “Genio Maligno” cartesiano pueda seguir jugando con mis sentidos. Un pájaro golpea con su pico mi ventana.

Luego de un rato logro conciliar el sueño, solo para despertar en la oficina de mi trabajo. El teclado del PC se encuentra incrustado en mi sien, y una mancha de baba sobre un ensayo delata mi dormitar. ¿Sigo durmiendo? ¿Desperté finalmente? No tengo la más remota idea. Y ese es el mayor problema, a veces el sueño es tan real como la vida misma, o la vida es tan falsa como el más real de los sueño. ¡Oh Genio Maligno, permíteme descansar de este agotador letargo!

domingo, 16 de octubre de 2011

Tic-Tac

El día de ayer me ocurrió algo que pocos podrán creerme. No escribo esto con ese fin, sino con la idea de advertir a quien encuentre esto que existen infinitas cosas desconocidas para el hombre, las cuales asechan cuando uno menos se lo espera. ¡Cuidado!.

Tal como decía, el día de ayer me encontraba solo en casa ya que mi madre se había ido a quedar a la casa de su pareja, al igual que mi hermana. Yo tuve que quedarme en casa realizando un ensayo sobre mitología andina para la universidad, el cual tenía que entregarlo a tempranas horas del día siguiente. Por ende, la casa estaba sola, salvo mi presencia.

Me había instalado en mi pieza a realizar dicho trabajo. El escritorio estaba colapsado con libros y fotocopias referentes al tema. Papeles arrugados y rasgados, desechados borradores de variados intentos de comenzar el ensayo,  empezaban a formar una pequeña montaña a mi espalda, justo a la entrada de la puerta. Las horas pasaban y no podía concentrarme en el informe. Empezaba a oscurecer por mi ventana y el estrés crecía con cada gemir del reloj de mi velador, tic-tac tic-tac.

Sin darme cuenta del paso del tiempo, este había avanzado hasta la media noche. Tanto el estrés como el cansancio empezaban a adueñarse de mi cuerpo, y solo llevaba dos hojas de ensayo, el requisito eran diez. Debido a esto, no puedo asegurar si lo ocurrido después es real o producto de mi situación mental alterada, pero los relataré tal como creo haberlo percibido. Pasado las 12:30 a.m. decidí darme un descanso. No había comido nada desde el almuerzo alrededor del mediodía, por ende lo mejor que podía hacer era comer algo para recuperar energías, lavarme bien la cara y descansar un par de minutos.  

Mientras estaba en el baño, comencé a sentir un extraño ruido proveniente del comedor, como el abrir de una ventana. Asustado corrí a mi pieza y tome el bate de baseball, el cual dejo siempre al lado de la cama por seguridad. Lentamente me dirigí al comedor, pasando primeramente por el living y luego por la cocina, intentando hacer el menor ruido posible. Al llegar a propio lugar la oscuridad reinaba, al igual que un sepulcral silencio solo perturbado por el tic-tac del reloj. Me acerco a la ventana, cerrada. Suspiro. Doy un par de vueltas por la casa, pero no encuentro nada. Luego de cerciorarme que la casa continuaba en paz, volví a mi intento de terminar aquel endemoniado ensayo un poco más tranquilo. El reloj lento pero obstinado, era mi único compañero, tic-tac.

Cuando empezaba a concentrarme y dar rienda suelta al lápiz, una extraña sensación recorrió mi nuca. Como si alguien me observara. Sin darle mucha importancia seguí realizando mi titánica labor a esas tardías horas. Pero la molestia seguía allí, punzante y casi hiriente, como una pequeña aguja, insertándose cada vez más profunda en mi cuello. Irritado me doy vuelta para tranquilizarme y poder concentrarme. Tal como había esperado no había nada, salvo la pila de papel que había empezado a acumular, llegando a la altura de mi cama. Continúo leyendo y releyendo los textos en búsqueda de citas para mi trabajo, cuando nuevamente empiezo a sentir ese condenado malestar. Fijo mis ojos en el escritorio, un poco nervioso y lentamente me doy vuelta con la idea de poder sacarme de la cabeza aquella incomodidad, pero esta vez algo me hiela la sangre. Una especie de sombra de no más de 40 cm. se desliza a una velocidad inhumana fuera de mi pieza. Me petrifico. Un miedo enloquecedor empieza a apoderarse de mí. El cantar del reloj comienza a ralentizarse siguiendo los ritmos de mi corazón, tic… tac… tic. Intento levantarme para ver que era, pero mis piernas no reaccionan, el inconsciente protegiéndome ante el encuentro con la locura. Intento calmarme y pensar que solo fue un juego de luces y sombras, que solo fue la percepción jugándome una mala pasada. En todo caso, son las dos de la mañana y el agotamiento mental impera. Tic-tac tic-tac.

Sigo mi labor cuando nuevamente la misma sensación. Mi espalda se eriza y todos mis sentidos están centrados en ese punto donde vislumbre aquella sombra. Mi cuello se siente como si gruesas sogas lo tuvieran atado, impidiéndole respirar y realizar algún movimiento. Mi corazón palpita como nunca antes, tictactictactictac. Rápidamente, como un golpe de adrenalina, mi cuello se desliga de sus encadenaduras y gira neumáticamente. Mi corazón se detiene, ya que lo que mis ojos ven mi razón no comprende, y por el bien de mi sanidad mental espero no comprenderlo nunca. Una especie de cola escamosa, pero a la vez húmeda y grumosa, se aleja velozmente de mi pieza, escapando de mis ojos. Dejo escapar un grito desde lo profundo de mis entrañas, pero mis sentidos se lanzan al pozo de la demencia, ya que mi alarido es seguido por un gemido de igual intensidad pero en menor escala, como si a un pequeño jabalí lo estuvieran torturando. Mi racionalidad me dice que todo es una alucinación y que me quede quieto sentado en la silla, pero mis instintos me obligan a levantarme y saciar las ansias de descubrir la naturaleza de aquel pequeño ser endemoniado. Mi corazón golpea como el motor de un tanque, tictactictactictac, al borde de la taquicardia, pero la importancia de mi salud física corre la misma suerte que mi salud mental, la cual desapareció esa noche. Corro hacia el comedor pero no hay nada, aunque levemente escucho un rasguido proveniente del comedor, donde primeramente sentí el abrir de la ventana antes que todo comenzara. Tictactictactictac. Me dirijo al lugar como empujado por el mismo cornudo alentando mi avanzar a los abismos del averno.

Llego al comedor. En ese momento si algo de cordura me quedaba, escapó de mí al igual como debí haber hecho al momento de ver aquella sombra en mi pieza. Porque lo que observé no tiene nombre ni sentido, como tampoco explicación. Un ser mitad hombre mitad bestia, o quizás algo más, algo que en nuestro universo no debiera existir, un engendro cósmico, un destructor de sanidad. Lo veo, él me ve, y pierdo total control de mi cuerpo. Tictactictactictactictac. Mi corazón acelerado, llegando al punto máximo de resistencia. Un dolor agudo en mi pecho. El reloj se detiene. Me desplomo en el suelo. Mis ojos empiezan a cerrarse, cuando aquel ser, aquella sombra, se acerca y me susurra al oído algo no logro comprender. Su voz, su arcana y atroz voz, como los ecos de miles de seres gritando en una orgia desenfrenada, perturbará mis sueños hasta que el celador venga, en su carruaje empujado por los espantosos caballos negros y putrefactos, por mi eterna alma. Mis ojos se cierran y pierdo la conciencia.

Despierto al día siguiente en una clínica. Al lado mío se encontraba mi madre, con el rímel corrido y grandes ojeras. Asustada, pero alegre, me abraza feliz de verme despertar. Me comenta que me había encontrado en el comedor, botado e inconsciente en el suelo, por lo que llamo una ambulancia. Me había dado un paro cardiaco. Le describo lo sucedido ayer, pero me dice que solo fue un sueño, inducido por las drogas que me dieron en la clínica. Tras mucho discutir que fue no fue un sueño, que todo fue real y que hay que largarse de esa maldita casa, me dan un tranquilizante, ya que no puedo acelerarme o puede darme otro paro. Mi madre luego de cerciorarse que estoy bien y que lo peor ha pasado, vuelve a casa para ver a mi hermana y avisarles a todos que estoy bien. Pero nada más alejado de la verdad. Jamás podré volver a estar bien luego de aquella desquiciada noche. Al solo recordar los hechos mi mente delira en monstruosas fantasías, parajes delirantes donde criaturas solo imaginadas por esquizofrénicos y macabros artistas gobiernan y se dan festines con las perturbadas mentes humanas. Por suerte mi conciencia no me permitió comprender que me recitaba aquel lúgubre ser, ya que de otra forma no estaría en mis cabales y seria otro compañero de sala de los lobotonizados entes que recorren el hospital siquiátrico de la ciudad.

Los doctores al venir me comentaron que estaré un par de días más internado en la clínica, solo por asuntos de rutina, para luego darme de alta e irme a casa. Espero que aquel momento nunca llegue, es más, pondré todas mis fuerzas para que eso nunca ocurra. Estoy en una clínica, más de alguna forma tendré para lograr mi cometido y seguir internado este este lugar, aunque me cueste la vida. Todo para no volver a ese terrible lugar donde conocí lo desconocido. Incluso la vida pierde sentido. Ya no sé si el vivir aterrado por lo que la oscuridad depara vale la pena.

Aquí nada me asechará en el sueño, salvo aquel solitario reloj del pasillo que canta junto al golpear de mi corazón. Tic-tac tic-tac tic.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Metro

… y con ese típico gesto de rascarme la nariz con el labio superior, sentí tu aroma. Restos de un beso robado y una risa compartida. Explosión de adrenalina. Me pierdo en el recuerdo de tu mirada en una mañana a la distancia, pero no distante, donde te sentía más cercana que nunca. 

martes, 11 de octubre de 2011

Sudor Frio

Despierto en medio de la noche, veo mi reloj, 2:35 am. La casa se encuentra en un sepulcral silencio, solo perturbado por el maullar de un gato y el repentino ladrido de un perro. Intento cerrar mis ojos y proseguir con el sueño, cuando empiezo a escuchar algo en el comedor, el miedo se apodera de mí. Una gota de sudor recorre mi espalda, mientras mi petrificado cuerpo se enfoca en escuchar aquellos ruidos. Un rechinar en el suelo, como el moverse de la silla, centímetro a centímetro, milímetro a milímetro. Los segundos se vuelven minutos, los minutos horas. El rechinar se detiene. Pequeños pasos, suaves, pero a la vez decididos, avanzan por el pasillo en dirección al living. Mi respiración empieza a entrecortarse, mis latidos aumentan. De pronto, un rasguño en la ventana al lado de mi cama. Sudando frio, tapado hasta la cabeza, me niego a mirar. El rasguñar sigue, persistentemente.  Los pasos se acercan cada vez más. Se abre la puerta de mi pieza. A través de las sabanas no se ve nada. Mi respiración se detiene completamente, mi corazón palpita de una manera sobrehumana. De la nada, una sombra salta desde el suelo a los pies de mi cama. Escucho un grito desgarrador y salgo corriendo. Mi madre, asustada, se levanta  he intenta calmarme. Prende la luz de mi pieza. Fred, mi gato, se encuentra ronroneando sobre la cama. En la ventana, Roco, mi perro, jugueteando y babeando con su cara bonachona. ¿Y el grito desgarrador? Yo mismo, aterrado y sumergido en la irracionalidad. La noche es el patio de recreo de la imaginación, donde lo normal es lo irreal y nuestro compañero de juegos es el sinsentido y la irracionalidad. Gato de mierda !!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Reflexión

Una pulga luego de saciarse con la sangre de un enorme bulterrier, se recostó a reposar en la sombra de un gran pelo de la punta de la oreja izquierda de aquel animal. Mientras miraba el infinito cielo, despreocupado del porvenir, una efímera reflexión pasó por su mente, un pensamiento que pudo haber sido la respuesta a las plegarias de miles de millones de otras pulgas, pero no para esta. Para él, solo fue una idea más a ser olvidada un día soleado, al momento de tomar sombra, bajo un gran pelo en la oreja izquierda de un gran bulterrier. 

Onírico

Hoy tuve un sueño, donde el tiempo y el espacio tal como lo conocemos no tenia sentido. Bloques ciclópeos y estructuras desestructuradas gobernaban el páramo de una colosal montaña rodeada de turbulentas aguas verdosas, fangosas.

Camino por senderos intransitados desde eones guiado por una fuerza externa a mí. Un poder desconocido me absorbe a un recorrido casi etéreo, donde el sinsentido gobierna y criaturas incorpóreas ignoradas por la humanidad, lejanas, pero a la vez cercanas, me escoltan al encuentro de lo inaudito. Estas sombras – el único concepto que puede acercarse a la descripción aquellos seres- recitan un cántico en una lengua gutural con una perversidad aterradora, la cual me continuará horrorizando hasta el final de mi existencia, penetrando en mis sueños y temores más arcanos.

Siento que voy acercándome a mi lugar de destino. Mi cuerpo se frena, congelado por un miedo irracional, que solo los instintos más primitivos de supervivencia pueden servir como explicación. Pero las sombras, mis etéreos compañeros, me obligan a seguir el paso, como empujados por el peso de los mares. Por cada paso que doy, mi cuerpo tiembla. Una gota de sudor frío recorre mi espalda.  

Una muralla de colosales dimensiones, de nauseabundo color y dividida por una puerta de similares características frena nuestro seguir, mientras que mi mente divaga en la irracionalidad, perdida en pensamientos arquetípicos insertados en mi memoria, liberados del inconciente eterno que nuestra mente nos ha hecho olvidar por el bien de la humanidad. En este divagar mental escucho a lo lejos un grito ensordecedor, como arrastrado por el viento desde los calabozos más espeluznantes y profundos del océano, donde lo gutural se mezcla con el ahogamiento y el lamento eterno. Un rechinar, y la puerta frente a mí se abre. Mis ojos no pueden creer lo que ven. ¿Era realmente un sueño? Por el bien de la humanidad así lo espero.

Un lugar en el que la física pierde sentido, donde el tiempo es solo arena y la racionalidad desaparece, dejándome a merced de una locura inconmensurable. Una colosal fortaleza de un color repugnante, que mis sentidos no toleran ni pueden explicar, se impone en la inmensidad de un terreno desprovisto de vida. Enormes pilares son los únicos elementos que enmarcan un camino recto a la delirante estructura. Y en la puerta de entrada se observa una especie de candado, impensable en nuestra realidad, el cual encierra uno de los temores más antiguos imposibles de imaginar. Más que una fortaleza, era una prisión. Las sombras me arrastran, yo me dejo llevar sumido en un terror infinito, el cual no me permite conectar lo que sucede con la realidad, la cordura sucumbió ante estas delirantes visiones. La puerta retiembla. Entre las grietas se ven aparecer nauseabundos tentáculos, viscosos y siniestro, que se retuercen con una ira infinita e infernal. Mi cuerpo se contrae a causa del terror primigenio que me provoca semejante imagen. Y de pronto, un ojo. ¡¡ Oh Dios, ese ojo, por favor ayúdame a olvidar ese ojo!!
Despierto envuelto en sudor frío, las sabanas están revueltas, enredadas en mi cuerpo a causa de las múltiples contracciones que sufrí en ese estado onírico. La ventana de mi pieza se encuentra abierta, creo haberla cerrado, pero la duda se impone. Intento hacerme entender que todo esto fue solo un sueño, nada más que un sueño. Tomo mi libreta de notas y escribo este acontecimiento. Temo volver a cerrar los ojos y ver qué se escondía detrás de esa titánica puerta arcana.  Oh Dios, tengo que controlarme, me dedicaré a pintar, ese cuadro que estoy terminando me está afectando la cabeza, las incontables noches en vela para poder terminarlo me tienen la cabeza revuelta, pero a la vez me relaja. Tomare el pincel y seguiré la labor.

Si. Solo fue un sueño. Nada más que un sueño.