Hay momentos en la vida donde un sueño es tan real que nos obliga a preguntarnos qué es la realidad misma. Para mí eso ocurrió la noche anterior. Luego de un ajetreado día me recosté a dormitar un rato. Sin darme cuenta mis ojos se cerraron y terminé en el reino del inconsciente.
Soñé que caminaba por un oscuro bosque, tétrico y tan antiguo como la vida misma. El olor a encierro lo sentía entrar y salir de mis pulmones, asfixiándome con cada respirar. Deambulaba entre pretéritos arboles tan altos que se perdían en el inmenso cosmos, con sus ramas apuntando al sideral, como intentando escapar de su propio cuerpo. De un momento a otro, una sombra aparece. Detenida, me empieza a observar. Unos destellos rojos como la sangre se observan sobre el ser. De la nada, otra criatura salta sobre mí.
Despierto de un salto en mi cama. La lámpara de mi velador está prendida, provocando turbias sombras en las murallas de la pieza. Me levanto nervioso y asustado para ir al baño. Me miro en el espejo donde percibo un rostro cansado y ojeroso. Me lavo las manos y me agacho para refrescarme la cara. Al ver nuevamente el reflejo noto la misma cara, solo que un ojo putrefacto me observa con horror, y la mitad derecha del rostro se cae en pedazos.
Me caigo del sillón del living, gritando como desquiciado. Toco mi rostro. Todo está en su lugar. Me miro en el reflejo de la ventana. Todo en orden. Algo más tranquilo me vuelvo a sentar en el sillón y prendo la televisión, solo que esta explota delante de mis ojos, desprendiendo esquirlas por todos lados y empujándome de espaldas por la ráfaga.Una esquirla me desgarra el brazo izquierdo.
Despierto he impulsivamente me toco el brazo, solo que en vez de este tengo un viscoso y repulsivo tentáculo.
Abro los ojos. Nuevamente me encuentro en la comodidad de mi pieza. La lámpara del velador se encuentra apagada. Mi brazo posee nuevamente su forma humana. Quedo mirando el techo, sin comprender nada he intentando dar cierta lógica a todo lo ocurrido. Mi mente se encuentra tan perturbada al extremo de esperar que en cualquier momento suceda algo que me provoque el salto de un sueño a otro, pero esto no ocurre. Intento seguir durmiendo, pero tengo miedo que el “Genio Maligno” cartesiano pueda seguir jugando con mis sentidos. Un pájaro golpea con su pico mi ventana.
Luego de un rato logro conciliar el sueño, solo para despertar en la oficina de mi trabajo. El teclado del PC se encuentra incrustado en mi sien, y una mancha de baba sobre un ensayo delata mi dormitar. ¿Sigo durmiendo? ¿Desperté finalmente? No tengo la más remota idea. Y ese es el mayor problema, a veces el sueño es tan real como la vida misma, o la vida es tan falsa como el más real de los sueño. ¡Oh Genio Maligno, permíteme descansar de este agotador letargo!
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