A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

domingo, 9 de octubre de 2011

Onírico

Hoy tuve un sueño, donde el tiempo y el espacio tal como lo conocemos no tenia sentido. Bloques ciclópeos y estructuras desestructuradas gobernaban el páramo de una colosal montaña rodeada de turbulentas aguas verdosas, fangosas.

Camino por senderos intransitados desde eones guiado por una fuerza externa a mí. Un poder desconocido me absorbe a un recorrido casi etéreo, donde el sinsentido gobierna y criaturas incorpóreas ignoradas por la humanidad, lejanas, pero a la vez cercanas, me escoltan al encuentro de lo inaudito. Estas sombras – el único concepto que puede acercarse a la descripción aquellos seres- recitan un cántico en una lengua gutural con una perversidad aterradora, la cual me continuará horrorizando hasta el final de mi existencia, penetrando en mis sueños y temores más arcanos.

Siento que voy acercándome a mi lugar de destino. Mi cuerpo se frena, congelado por un miedo irracional, que solo los instintos más primitivos de supervivencia pueden servir como explicación. Pero las sombras, mis etéreos compañeros, me obligan a seguir el paso, como empujados por el peso de los mares. Por cada paso que doy, mi cuerpo tiembla. Una gota de sudor frío recorre mi espalda.  

Una muralla de colosales dimensiones, de nauseabundo color y dividida por una puerta de similares características frena nuestro seguir, mientras que mi mente divaga en la irracionalidad, perdida en pensamientos arquetípicos insertados en mi memoria, liberados del inconciente eterno que nuestra mente nos ha hecho olvidar por el bien de la humanidad. En este divagar mental escucho a lo lejos un grito ensordecedor, como arrastrado por el viento desde los calabozos más espeluznantes y profundos del océano, donde lo gutural se mezcla con el ahogamiento y el lamento eterno. Un rechinar, y la puerta frente a mí se abre. Mis ojos no pueden creer lo que ven. ¿Era realmente un sueño? Por el bien de la humanidad así lo espero.

Un lugar en el que la física pierde sentido, donde el tiempo es solo arena y la racionalidad desaparece, dejándome a merced de una locura inconmensurable. Una colosal fortaleza de un color repugnante, que mis sentidos no toleran ni pueden explicar, se impone en la inmensidad de un terreno desprovisto de vida. Enormes pilares son los únicos elementos que enmarcan un camino recto a la delirante estructura. Y en la puerta de entrada se observa una especie de candado, impensable en nuestra realidad, el cual encierra uno de los temores más antiguos imposibles de imaginar. Más que una fortaleza, era una prisión. Las sombras me arrastran, yo me dejo llevar sumido en un terror infinito, el cual no me permite conectar lo que sucede con la realidad, la cordura sucumbió ante estas delirantes visiones. La puerta retiembla. Entre las grietas se ven aparecer nauseabundos tentáculos, viscosos y siniestro, que se retuercen con una ira infinita e infernal. Mi cuerpo se contrae a causa del terror primigenio que me provoca semejante imagen. Y de pronto, un ojo. ¡¡ Oh Dios, ese ojo, por favor ayúdame a olvidar ese ojo!!
Despierto envuelto en sudor frío, las sabanas están revueltas, enredadas en mi cuerpo a causa de las múltiples contracciones que sufrí en ese estado onírico. La ventana de mi pieza se encuentra abierta, creo haberla cerrado, pero la duda se impone. Intento hacerme entender que todo esto fue solo un sueño, nada más que un sueño. Tomo mi libreta de notas y escribo este acontecimiento. Temo volver a cerrar los ojos y ver qué se escondía detrás de esa titánica puerta arcana.  Oh Dios, tengo que controlarme, me dedicaré a pintar, ese cuadro que estoy terminando me está afectando la cabeza, las incontables noches en vela para poder terminarlo me tienen la cabeza revuelta, pero a la vez me relaja. Tomare el pincel y seguiré la labor.

Si. Solo fue un sueño. Nada más que un sueño.

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