El día de ayer me ocurrió algo que pocos podrán creerme. No escribo esto con ese fin, sino con la idea de advertir a quien encuentre esto que existen infinitas cosas desconocidas para el hombre, las cuales asechan cuando uno menos se lo espera. ¡Cuidado!.
Tal como decía, el día de ayer me encontraba solo en casa ya que mi madre se había ido a quedar a la casa de su pareja, al igual que mi hermana. Yo tuve que quedarme en casa realizando un ensayo sobre mitología andina para la universidad, el cual tenía que entregarlo a tempranas horas del día siguiente. Por ende, la casa estaba sola, salvo mi presencia.
Tal como decía, el día de ayer me encontraba solo en casa ya que mi madre se había ido a quedar a la casa de su pareja, al igual que mi hermana. Yo tuve que quedarme en casa realizando un ensayo sobre mitología andina para la universidad, el cual tenía que entregarlo a tempranas horas del día siguiente. Por ende, la casa estaba sola, salvo mi presencia.
Me había instalado en mi pieza a realizar dicho trabajo. El escritorio estaba colapsado con libros y fotocopias referentes al tema. Papeles arrugados y rasgados, desechados borradores de variados intentos de comenzar el ensayo, empezaban a formar una pequeña montaña a mi espalda, justo a la entrada de la puerta. Las horas pasaban y no podía concentrarme en el informe. Empezaba a oscurecer por mi ventana y el estrés crecía con cada gemir del reloj de mi velador, tic-tac tic-tac.
Sin darme cuenta del paso del tiempo, este había avanzado hasta la media noche. Tanto el estrés como el cansancio empezaban a adueñarse de mi cuerpo, y solo llevaba dos hojas de ensayo, el requisito eran diez. Debido a esto, no puedo asegurar si lo ocurrido después es real o producto de mi situación mental alterada, pero los relataré tal como creo haberlo percibido. Pasado las 12:30 a.m. decidí darme un descanso. No había comido nada desde el almuerzo alrededor del mediodía, por ende lo mejor que podía hacer era comer algo para recuperar energías, lavarme bien la cara y descansar un par de minutos.
Mientras estaba en el baño, comencé a sentir un extraño ruido proveniente del comedor, como el abrir de una ventana. Asustado corrí a mi pieza y tome el bate de baseball, el cual dejo siempre al lado de la cama por seguridad. Lentamente me dirigí al comedor, pasando primeramente por el living y luego por la cocina, intentando hacer el menor ruido posible. Al llegar a propio lugar la oscuridad reinaba, al igual que un sepulcral silencio solo perturbado por el tic-tac del reloj. Me acerco a la ventana, cerrada. Suspiro. Doy un par de vueltas por la casa, pero no encuentro nada. Luego de cerciorarme que la casa continuaba en paz, volví a mi intento de terminar aquel endemoniado ensayo un poco más tranquilo. El reloj lento pero obstinado, era mi único compañero, tic-tac.
Cuando empezaba a concentrarme y dar rienda suelta al lápiz, una extraña sensación recorrió mi nuca. Como si alguien me observara. Sin darle mucha importancia seguí realizando mi titánica labor a esas tardías horas. Pero la molestia seguía allí, punzante y casi hiriente, como una pequeña aguja, insertándose cada vez más profunda en mi cuello. Irritado me doy vuelta para tranquilizarme y poder concentrarme. Tal como había esperado no había nada, salvo la pila de papel que había empezado a acumular, llegando a la altura de mi cama. Continúo leyendo y releyendo los textos en búsqueda de citas para mi trabajo, cuando nuevamente empiezo a sentir ese condenado malestar. Fijo mis ojos en el escritorio, un poco nervioso y lentamente me doy vuelta con la idea de poder sacarme de la cabeza aquella incomodidad, pero esta vez algo me hiela la sangre. Una especie de sombra de no más de 40 cm. se desliza a una velocidad inhumana fuera de mi pieza. Me petrifico. Un miedo enloquecedor empieza a apoderarse de mí. El cantar del reloj comienza a ralentizarse siguiendo los ritmos de mi corazón, tic… tac… tic. Intento levantarme para ver que era, pero mis piernas no reaccionan, el inconsciente protegiéndome ante el encuentro con la locura. Intento calmarme y pensar que solo fue un juego de luces y sombras, que solo fue la percepción jugándome una mala pasada. En todo caso, son las dos de la mañana y el agotamiento mental impera. Tic-tac tic-tac.
Sigo mi labor cuando nuevamente la misma sensación. Mi espalda se eriza y todos mis sentidos están centrados en ese punto donde vislumbre aquella sombra. Mi cuello se siente como si gruesas sogas lo tuvieran atado, impidiéndole respirar y realizar algún movimiento. Mi corazón palpita como nunca antes, tictactictactictac. Rápidamente, como un golpe de adrenalina, mi cuello se desliga de sus encadenaduras y gira neumáticamente. Mi corazón se detiene, ya que lo que mis ojos ven mi razón no comprende, y por el bien de mi sanidad mental espero no comprenderlo nunca. Una especie de cola escamosa, pero a la vez húmeda y grumosa, se aleja velozmente de mi pieza, escapando de mis ojos. Dejo escapar un grito desde lo profundo de mis entrañas, pero mis sentidos se lanzan al pozo de la demencia, ya que mi alarido es seguido por un gemido de igual intensidad pero en menor escala, como si a un pequeño jabalí lo estuvieran torturando. Mi racionalidad me dice que todo es una alucinación y que me quede quieto sentado en la silla, pero mis instintos me obligan a levantarme y saciar las ansias de descubrir la naturaleza de aquel pequeño ser endemoniado. Mi corazón golpea como el motor de un tanque, tictactictactictac, al borde de la taquicardia, pero la importancia de mi salud física corre la misma suerte que mi salud mental, la cual desapareció esa noche. Corro hacia el comedor pero no hay nada, aunque levemente escucho un rasguido proveniente del comedor, donde primeramente sentí el abrir de la ventana antes que todo comenzara. Tictactictactictac. Me dirijo al lugar como empujado por el mismo cornudo alentando mi avanzar a los abismos del averno.
Llego al comedor. En ese momento si algo de cordura me quedaba, escapó de mí al igual como debí haber hecho al momento de ver aquella sombra en mi pieza. Porque lo que observé no tiene nombre ni sentido, como tampoco explicación. Un ser mitad hombre mitad bestia, o quizás algo más, algo que en nuestro universo no debiera existir, un engendro cósmico, un destructor de sanidad. Lo veo, él me ve, y pierdo total control de mi cuerpo. Tictactictactictactictac. Mi corazón acelerado, llegando al punto máximo de resistencia. Un dolor agudo en mi pecho. El reloj se detiene. Me desplomo en el suelo. Mis ojos empiezan a cerrarse, cuando aquel ser, aquella sombra, se acerca y me susurra al oído algo no logro comprender. Su voz, su arcana y atroz voz, como los ecos de miles de seres gritando en una orgia desenfrenada, perturbará mis sueños hasta que el celador venga, en su carruaje empujado por los espantosos caballos negros y putrefactos, por mi eterna alma. Mis ojos se cierran y pierdo la conciencia.
Despierto al día siguiente en una clínica. Al lado mío se encontraba mi madre, con el rímel corrido y grandes ojeras. Asustada, pero alegre, me abraza feliz de verme despertar. Me comenta que me había encontrado en el comedor, botado e inconsciente en el suelo, por lo que llamo una ambulancia. Me había dado un paro cardiaco. Le describo lo sucedido ayer, pero me dice que solo fue un sueño, inducido por las drogas que me dieron en la clínica. Tras mucho discutir que fue no fue un sueño, que todo fue real y que hay que largarse de esa maldita casa, me dan un tranquilizante, ya que no puedo acelerarme o puede darme otro paro. Mi madre luego de cerciorarse que estoy bien y que lo peor ha pasado, vuelve a casa para ver a mi hermana y avisarles a todos que estoy bien. Pero nada más alejado de la verdad. Jamás podré volver a estar bien luego de aquella desquiciada noche. Al solo recordar los hechos mi mente delira en monstruosas fantasías, parajes delirantes donde criaturas solo imaginadas por esquizofrénicos y macabros artistas gobiernan y se dan festines con las perturbadas mentes humanas. Por suerte mi conciencia no me permitió comprender que me recitaba aquel lúgubre ser, ya que de otra forma no estaría en mis cabales y seria otro compañero de sala de los lobotonizados entes que recorren el hospital siquiátrico de la ciudad.
Los doctores al venir me comentaron que estaré un par de días más internado en la clínica, solo por asuntos de rutina, para luego darme de alta e irme a casa. Espero que aquel momento nunca llegue, es más, pondré todas mis fuerzas para que eso nunca ocurra. Estoy en una clínica, más de alguna forma tendré para lograr mi cometido y seguir internado este este lugar, aunque me cueste la vida. Todo para no volver a ese terrible lugar donde conocí lo desconocido. Incluso la vida pierde sentido. Ya no sé si el vivir aterrado por lo que la oscuridad depara vale la pena.
Aquí nada me asechará en el sueño, salvo aquel solitario reloj del pasillo que canta junto al golpear de mi corazón. Tic-tac tic-tac tic.
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