Un naufrago observaba
El rojo atardecer
A través de las palmeras
Que en su isla dejaba ver.
De la nada un destello
De la costa surgió
Y para su asombro
Una botella encontró.
Arrugado y sucio
El papel se encontraba
– ¡Ayuda Ayuda!–
Un mensaje relataba
–Una naufraga soy
En una isla desolada,
En medio de la nada–.
–Mi compañero se ha vuelto–
La carta continuaba
–Más loco que un perro
Más loco que un aba. (¿?)
¡No queda mucho tiempo
–Proseguía la carta–
Antes él se coma
Hasta mi propia alma!– (¿?)
El naufrago leía
Lleno de asombro y sorpresa
Sobre la rara existencia
De esta extraña pareja
–Mucho desde aquí
No se me permite hacer–
Susurro para sí
El solitario ser
Por lo que tomó el papel
Y la sucia botella
Y volvió a tirarla
A la eterna marea
–Espero que esos dos
Arreglen sus problemas–
Se decía a si mismo
El eterno vigía (¿?)
(…)
Volvió a comerse
Los restos de una pierna
Que le habían sobrado
De su sabrosa cena.
– ¿Que habrá sido de Laura?–
Pensaba entre mordida
–Hace rato que no la veo,
Tal vez desde medio día–
–Extraño, extraño–
Se repetía y repetía
Mientras mordisqueaba y mordisqueaba
A su mutilada compañera (¿?)
El segundo se iba
El minuto avanzaba
La noche surgía
Una vida terminaba
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