A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

domingo, 26 de agosto de 2012

Recuerdo y olvido


No olvides olvidarte que quieres recordarla,
Porque el recuerdo no te permite el olvido,
Y mientras olvido los recuerdos que recuerdo,
El recuerdo no me permite olvidarte.
A veces dejo de recordar
Que tu olvido no puedo olvidar,
Pero olvido que olvido tu recuerdo,
El recuerdo de un olvido recordado.
Recordando que olvidamos olvidarnos,
Recuerdo que sólo te recuerdo,
Mientras que tú sólo me olvidas,
Olvidando que yo solo quiero
Recordarte.

Inocencia


La muerte dejó apoyada su fiel segadera en la muralla, se arremangó la túnica que sobresalía a lo largo de sus fantasmagóricos brazos, y con extrema delicadeza arropó a la niña que dormía profundamente en su cama. El celador se acercó a esta, le acarició su suave pelo, besó su tibia frente, y le susurró al oído con una voz de ultratumba: “duerme tranquila, que hoy tuviste suerte, mas eludirme no podrás por mucho, tu siniestro secreto será la mano que blandirá el arma de tu propia perdición”.

La niña al otro día despertó aliviada de la tortuosa enfermedad que tras largas semanas la tuvo al borde de la vida. Un radiante sol le saludó al momento de abrir las cortinas, mientras que un extraño destello apareció sobre su velador. Una moneda de plata, el cual de un lado una calavera presentaba, y un sol del otro. Sin tomarle mucha atención, la metió en su bolsillo y salió corriendo a abrazar a su madre que aparecía sorprendida por la entrada de su pieza.

Nadie podría jamás imaginar las atrocidades que una niña de 7 años puede realizar a los pobres inquilinos de la hacienda de su padre, ni las cuales seguirá realizando hasta que el vigía de las sombras reclame su deuda. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

Mi propia Leonora

Mantengo esta vía abierta,
como mis ojos que son
una ventana al mi alma.
Ya más no puedo decir,
o bien podría en realidad,
pero no encuentro los oídos
entregados a escuchar
aquellas tristes palabras.
Hoy llueve fuera de mi ventana,
y mientras escribo estos versos,
un libro de Poe me invoca
para deleitarme con sus palabras,
de su pena y sufrimiento
añoranza por su amada.
Esta noche me pide
alcoholizarme con sus escritos
y no olvidarme de su hada,
de aquel triste destino,
de aquella oscura alma,
de lo trivial de su muerte,
que un cuervo se posa
en su final morada,
el cual recita
de cuando en cuando
"nunca más, nunca más",
recordatorio oscuro
que a mi también
me acompaña.
Yo aquí me encuentro
recordando a mi propia Leonora
la cual me persigue mientras duermo
y me atormenta cuando también
estoy despierto.
Y esta lluvia no hace
más que recordarme ese día
cuando nuestros labios se juntaron
con una orquesta marina
tocando para nuestros oídos
y un viento frió golpeaba nuestros rostros
arrastrando granitos de arena
los cuales al cerrar los ojos
siento rozar mi mejilla.
Pero ya no recuerdo
el calor de tus besos,
el cariño de tus abrazos,
como tampoco tus ojos.
Y ellos son los que más extraño,
y a esta hora de sombras
a tu mirada llamo a gritos
para que me socorra.
La lluvia mañana amainará
el cuervo algún momento morirá
pero el recuerdo de mi propia Leonora
me acompañará con un incesante
nunca más.

martes, 14 de agosto de 2012

Posmo


Hoy me siento posmoderno. Todo lo encuentro sin sentido, y me siento en un no lugar en el que transito toda mi vida. Veo la vida de los demás, burdos títeres del sistema, el cual no es otra marioneta de un titiritero desconocido. Observo a los astros y los maldigo por enviarme a esta decadente época en la que el paso del tiempo es controlado por un reloj, obviamente de marca renombrada, donde el hombre ha cegado su vista a los padres primigenios que nos entregaron el regalo y maldición de la vida, seres oscuros que nos dejaron una carga pesada que por su propio peso olvidamos. Hasta respirar se ha vuelto una tarea tediosa para mi tediosa vida. Gritos y sonidos desestructurados, demenciales caricaturas de la realidad son los únicos con los que me siento identificado a estas horas de la noche, la cual no es solo el principio de un sueño de nunca acabar. Miro la TV y comprendo su sentido, el cual no es más que entregarnos estática a una estática vida en movimiento permanente, sin ir a ningún lado. Un saxofón y una batería de fondo, un bajo desafinado y una guitarra en tercer plano son mis amigos esta noche, en la cual solo escribo para olvidar que no sé que lo es ser posmoderno. 

domingo, 5 de agosto de 2012

Manzanas


“La mejor forma de olvidar a una mujer
es transformarla en literatura"
Henrry Miller (creo)



Nunca he sido fan de las manzanas, siempre las he encontrado algo desabridas, incluso acidas. Pero por esas casualidades de la vida, un mágico día fui un supermercado de esos que entra por apuro. Mientras hacia mis compras, vi sobre un mesón lleno de manzanas, una que tenia algo especial. Si bien algo me atraía en ella, no sabía qué, por lo cual no le tomé mucha atención y seguí en lo mio: un par de papas, un kilo de tomates, algunas naranjas, dos zanahorias y un six pack de cervezas. Pero aunque ya estaba terminando de comprar, no podía sacarme de la cabeza aquella manzana. Atraído por una fuerza externa a mí, volví al mesón, y al momento que iba a tomarla, alguien más la agarró. Una señora de unos 70 años, con su vestido de flores y su chalequito tejido a croché, tomó la manzana y la metió a su bolsa junto al resto de sus compras, como una manzana cualquiera. Déjenme decirles que cuando algo me llama la atención nada ni nadie puede frenarme de cumplir con mi cometido. Primero me hice el cortes: le ofrecí a llevar su bolsa, le mostré por donde pagar y lo bonitas que estaban unas cebollas que había tomado en ese momento. Pero al momento en que aquella descuidada señora desprendió su vista de la bolsa, tomé lo que me correspondía. Rápidamente la mezclé con otras manzanas que tenía, pague mi cuenta, y me fui a mi casa, con una extraña, pero eufórica felicidad.

Al momento de llegar a mis aposentos, dejé la manzana en la cúspide de un pequeño tiesto con frutas que adornaba mi mesa. Fresca, brillante y con unas tonalidades que jamás había visto en ninguna otra fruta me cautivaron. Los primeros días solo la dejé ahí, donde las luces y las sombras la hacían ver esplendorosa. No me resistía las ganas de saborearla, pero quería aplazar la satisfacción, hasta el punto en que se hiciera insoportable. Cada día al volver de la universidad, cansado del mundo y la cotidianidad de la vida, al abrir la puerta de mi departamento, ella era lo primero que veía.

Pero como dije, no aguantaba las ganas de comerla. Y así lo hice. Que sabor, que majestuosidad de sensaciones. Con cada mordisco que le daba comprendía mejor que me había llamado la atención de esta misteriosa fruta. No podía saberlo, pero con cada mordisco la vida adquiría luz, adquiría sentido, la vida adquiría vida.

Pero como nada es infinito en este universo, salvo él mismo, mi dulce y sabrosa manzana se fue acabando. Cada mordida que daba, restaba una parte de ella: al querer disfrutarla al máximo, me la comí muy rápido. Cuando me di cuenta de enorme error solo quedaba un pequeño pedazo comestible, antes de solo ser coronta. Me daba terror comer este último pedacito, ya que al comerlo, no habría más. Pensé en guardarlo en el refrigerador, pero tarde o temprano se pudriría. No me quedó más remedio que comerme ese ultimo pedazo, disfrutarlo al máximo y entregarme al ultimo placer, pero como arrancando de mis manos, los restos de la manzana se escaparon y cayeron al suelo, rodando lejos de mi. Una lágrima corrió por mi mejilla, llegando la punta de mi mentón, resbalando por mi barba y dejándome una vez más por las mías.

Pero ya cuando daba todo por perdido, cuando todo adquiría nuevamente una tonalidad gris, una pequeña semilla rodó fuera de la coronta, antes que esta se metiera debajo de mi refrigerador, a un punto que hasta el día de hoy no logro alcanzar. Pienso plantar esta pequeña semilla, esperando que de ella salga un pequeño arbolito, que con mi cuidado se volverá un enorme manzano, con la esperanza de que al menos uno de sus frutos logre entregarme el deleite que me dio su progenitora. Ahora solo es un pequeño brote que sobresale de un pequeño algodón, en un vaso plástico, pero el tiempo forjará su destino. Ya veremos…

viernes, 3 de agosto de 2012

El dilema del erizo (Schopenhauer)

En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente la necesidad de juntarse para darse calor y no morir congelados.

Cuando se aproximan mucho, sienten el dolor que les causan las púas de los otros erizos, lo que les impulsa a alejarse de nuevo.

Sin embargo, como el hecho de alejarse va acompañado de un frío insoportable, se ven en el dilema de elegir: herirse con la cercanía de los otros o morir. Por ello, van cambiando la distancia que les separa hasta que encuentran una óptima, en la que no se hacen demasiado daño ni mueren de frío.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Corre que te pillo

Corro por un callejón oscuro en medio de la noche, y a mi lado un hombre con cara que no reconozco. ¡Apúrate conchetumare! - me dice sin detenerse, alentándome a seguir un rumbo que desconozco. ¿Por qué corro? me pregunto con cada palpitar de mi agitado corazón, sin entender que he hecho o a ocurrido. ¡Por acá weón! - mi compañero me señala un pequeño pasaje sucio, en el cual se divisa una puerta semiabierta. Entramos y la cerramos por dentro. Recuperamos el aliento un par de segundos y mi compañero comienza a reir: - ja ja, por poco cagamos weón, estoy más cansado que puta – me dice entrecortadamente, la maratón lo dejó sin aliento. No recuerdo nada, mi mente se encuentra en blanco y con una tormenta de preguntas. ¿Qué weá esta pasando weón, quien chucha soy tu? – le pregunto al sujeto, gordo, con una barba mal afeitada y apariencia no muy prolija.  Este mirándome extrañado y algo molesto me responde: ¿Cómo que qué weá weón? ¿Soy weón o te culeó el león? Concéntrate nomás y no preguntí weás mejor weó… - En lo que la puerta se abre y dos sordos disparos entran por ella. Siento un dolor en el estomago, y todo se va a oscuro.