A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de TENEBROSOS mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento la ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan TERRORIFICAS panorámicas de la realidad, y en la PAVOROSA situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volvemos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz, y salvaguardia de una nueva era de TINIEBLAS.
H.P. Lovecraft
La llamada de Cthulhu

domingo, 26 de agosto de 2012

Inocencia


La muerte dejó apoyada su fiel segadera en la muralla, se arremangó la túnica que sobresalía a lo largo de sus fantasmagóricos brazos, y con extrema delicadeza arropó a la niña que dormía profundamente en su cama. El celador se acercó a esta, le acarició su suave pelo, besó su tibia frente, y le susurró al oído con una voz de ultratumba: “duerme tranquila, que hoy tuviste suerte, mas eludirme no podrás por mucho, tu siniestro secreto será la mano que blandirá el arma de tu propia perdición”.

La niña al otro día despertó aliviada de la tortuosa enfermedad que tras largas semanas la tuvo al borde de la vida. Un radiante sol le saludó al momento de abrir las cortinas, mientras que un extraño destello apareció sobre su velador. Una moneda de plata, el cual de un lado una calavera presentaba, y un sol del otro. Sin tomarle mucha atención, la metió en su bolsillo y salió corriendo a abrazar a su madre que aparecía sorprendida por la entrada de su pieza.

Nadie podría jamás imaginar las atrocidades que una niña de 7 años puede realizar a los pobres inquilinos de la hacienda de su padre, ni las cuales seguirá realizando hasta que el vigía de las sombras reclame su deuda. 

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